
En lo alto de la Sierra de Sintra, a pocos kilómetros de Lisboa, hay un palacio que llama la atención desde la distancia. Sus fachadas amarillas y rojas, sus torres de distintas alturas y sus terrazas panorámicas forman una combinación arquitectónica difícil de confundir con cualquier otra construcción europea.
Un palacio de colores en lo alto de Sintra
Se trata del Palacio Nacional da Pena, una de las grandes joyas de Portugal y uno de los máximos exponentes del romanticismo arquitectónico del siglo XIX. La visita permite recorrer antiguas habitaciones reales, descubrir detalles decorativos de diferentes culturas y perderse por un parque de más de 200 hectáreas donde la naturaleza también tiene un papel protagonista.
La historia del Palacio da Pena comenzó sobre las ruinas de un antiguo monasterio de la Orden de San Jerónimo. En 1838, el príncipe Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha, esposo de la reina María II de Portugal, adquirió el convento y los terrenos que lo rodeaban para construir una residencia de verano para la familia real.
El proyecto fue tomando forma durante las décadas siguientes y reunió diferentes estilos arquitectónicos: neogótico, neomanuelino, neoislámico y neorrenacentista. Esa mezcla explica sus arcos, cúpulas, torres, ornamentaciones y colores intensos, que convierten al edificio en una de las expresiones más particulares del romanticismo europeo.
Terrazas, torres y rincones para descubrir
Uno de los grandes atractivos del palacio es recorrer sus espacios exteriores. Las terrazas permiten contemplar los distintos sectores de la construcción y obtener vistas abiertas hacia la Sierra de Sintra y, en los días despejados, la costa portuguesa.
Entre sus rincones más reconocibles aparecen el Patio de los Arcos, las torres de colores y la entrada monumental, donde se encuentran elementos decorativos inspirados en distintas tradiciones arquitectónicas. También destaca el llamado Tritón, una figura escultórica que representa una criatura mitológica y funciona como uno de los símbolos del conjunto.
En el interior, la visita permite conocer las habitaciones que utilizaron los integrantes de la familia real, además de la capilla y diferentes salones decorados con muebles, pinturas y objetos de época. El palacio conserva parte de la ambientación de la residencia real, lo que permite imaginar cómo era la vida en este refugio de verano antes de la caída de la monarquía portuguesa en 1910.

Un parque de más de 200 hectáreas entre lagos y jardines
El recorrido continúa en el Parque da Pena, un enorme espacio verde diseñado como parte del mismo proyecto romántico. Sus senderos atraviesan bosques, jardines, lagos y pequeñas construcciones ornamentales que aparecen entre la vegetación.
El parque reúne especies autóctonas y árboles exóticos provenientes de diferentes partes del mundo. Entre sus sectores se encuentran el Jardín de las Camelias, el Valle de los Lagos y distintos miradores que permiten observar el palacio desde perspectivas diferentes. También hay fuentes, puentes, grutas y caminos que invitan a recorrer el lugar sin seguir necesariamente una ruta única.
Uno de los puntos panorámicos más conocidos es Cruz Alta, desde donde se obtiene una vista elevada del palacio y de la vegetación que cubre la sierra. Es una buena alternativa para quienes quieren combinar la visita arquitectónica con una caminata por el entorno natural.
El Chalet de la Condesa de Edla: otra residencia dentro del parque
Dentro de los terrenos del parque también se encuentra el Chalet de la Condesa de Edla, una construcción de inspiración alpina vinculada con la historia de Fernando II y su segunda esposa, Elise Hensler, conocida como la condesa de Edla.
El edificio se distingue por su apariencia diferente a la del palacio: tiene una escala más íntima y detalles decorativos que combinan madera, corcho y elementos naturalistas. Su jardín completa el conjunto y permite conocer otra faceta de la vida privada de la familia real.
Incluir el chalet en el recorrido permite descubrir que el parque guarda mucho más que el palacio principal, con construcciones y rincones que forman parte de la historia de quienes habitaron este lugar.
